La satisfacción de saber que los nuestros no han fallado está a punto de convertirse en un recuerdo. Cada uno de nosotros ha asistido en su vida a concentraciones por una u otra causa. Al final de las mismas hemos regresado a casa confortados. Las más de las veces porque los amigos no han fallado. Las menos porque allàno acudió ni el tato. Esto se acaba. Un contador de manifestantes que sabe distinguir a un contribuyente de una farola, va a poner los números en su sitio. Se acabaron las manifestaciones cuyo número de participantes se averiguaba con el tradicional “ojÃÂmetro”. La ciencia está aquàpara quedarse y para acabar con todas nuestras ilusiones porque nunca la máquina marchará al unÃÂsono de nuestro corazón. Un corazón que siempre ha sabido que allàhabÃa más de lo que parecÃÂa a simple vista.
Una vez tuve tiempo de contar los manifestantes convocados por un sindicato en una ciudad que yo me sé. Yo acudÃa a cubrir informativamente el evento. Conté, subàla cifra en 200 y publiqué. Sufràuna persecución en toda regla. Me costó años levantar aquella losa con aquella dirección sindical. Resulta que habÃa participado justo el triple de la gente que yo habÃa puesto en el artÃÂculo. No volvàa contar. Me limité a preguntar qué cantidad le parecÃÂa razonable al sindicato en cuestión.
