Contar

20 octubre, 2009
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La satisfacción de saber que los nuestros no han fallado está a punto de convertirse en un recuerdo. Cada uno de nosotros ha asistido en su vida a concentraciones por una u otra causa. Al final de las mismas hemos regresado a casa confortados. Las más de las veces porque los amigos no han fallado. Las menos porque allí no acudió ni el tato. Esto se acaba. Un contador de manifestantes que sabe distinguir a un contribuyente de una farola, va a poner los números en su sitio. Se acabaron las manifestaciones cuyo número de participantes se averiguaba con el tradicional “ojímetro”. La ciencia está aquí­ para quedarse y para acabar con todas nuestras ilusiones porque nunca la máquina marchará al unísono de nuestro corazón. Un corazón que siempre ha sabido que allí había más de lo que parecía a simple vista.

Una vez tuve tiempo de contar los manifestantes convocados por un sindicato en una ciudad que yo me sí©. Yo acudía a cubrir informativamente el evento. Conté, subí la cifra en 200 y publiqué. Sufrí una persecución en toda regla. Me costó años levantar aquella losa con aquella dirección sindical. Resulta que había participado justo el triple de la gente que yo había puesto en el artículo. No volví a contar. Me limité a preguntar qué cantidad le parecía razonable al sindicato en cuestión.

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