Una realidad recorre España de norte a sur: el despido de periodistas. Una realidad aún más cruel recorre España de Este a Oeste: el silencio. Trabajadores asalariados a los que se les exige el plus de libertad que otros no están dispuestos a ejercer, hombres y mujeres que se ocupan un día si y otro no de conflictos laborales, no encuentran ni el momento ni la ocasión para reivindicar lo suyo ni la solidaridad mediática que ellos administran. En casa del redactor, cuchara de silencio. Hoy cierra un medio en Granada, ayer tres o cuatro en Castilla-La Mancha, una cadena de radio poderosísima pide a su plantilla que se reduzca el sueldo un 8 por ciento con la consiguiente negativa y la puesta en marcha de inmediato del recorte en forma de despidos… Así avanza la libertad de expresión por España. O ya ni siquiera la libertad de expresión, el humilde y triste cocido de los arriba firmantes.
