Viático

14 diciembre, 2009
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Hay días en que medito tanto los asuntos de los que puedo escribir que acabo por no escribir sobre nada. Me ataca la parálisisdel superviviente. Voy a escribir sobre los sindicatos. Ya se sabe que puedes darles hasta en el paladar porque son lo peor de lo peor. Unos hunde patrias. Habiendo tantísimas maneras de robar con descaro, ¿por qué hay gente que sigue afiliada a un sindicato de clase? Por lo que a mí respecta, he recibido una patada en la espinilla de mi querido, antiguo, moderno, pluscuamperfecto, diligente, diletante, negociador, pobrecillo, sindicato. A mi casa llegó la semana pasada una carta en la que se me convocaba a hacer oír mi voz en Madrid, ese lugar en el que puedes ser contado sin temor a errar en el número. Jamás de los jamases pensé leer negro sobre blanco que mi allegamiento podía ser compensado con 9 (nueve) euros en efectivo a cobrar en destino. Dicen que es viático, ayuda contra el ayuno, remesa para invertir en el bar. Pero a los que nos hemos manifestado de cualquier manera que se pueda imaginar, lo escrito nos dejó fríos. Que no fui.

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