Desde las almenas mediáticas truenan las trompetas alertando al sufrido pueblo de que lo particular es un síntoma de lo general y este estado general debe ser corregido de inmediato. Y así va la legislación bandeando entre la derecha y la extrema derecha sin que quede resquicio para la vieja compasión progresista. Atado el Partido Popular con mano férrea a la extrema derecha vislumbra por Cataluña la posibilidad de que haya votos que perder por ser compasivos. Mano dura con el muchacho (un muchacho) que se ríe de la reinserción, mano dura con los pisos pateras porque poner el negro en primera línea política te puede dar dos concejales. Todo está en discusión porque desde la banda contraria nadie gobierna el balón que salta a trompicones entre declaraciones de sí o no dependiendo de cómo vaya el barómetro de la opinión publicada. ¿Quién sostiene los principios inmutables? Los curas y los banqueros, gente acostumbrada a tener razón por lo civil o por lo militar. La táctica de sobrevivir con principios de ida y vuelta está fabricando democracia de baja calidad, líderes de dos o tres caras, periodistas de trinchera y ciudadanos perplejos a la vez que apartados.
