Miedos

8 febrero, 2010
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Llamó el Presidente a los agentes sociales. Comparecieron los agentes en La Moncloa. En silencio, el Presidente abrió las puertas del infierno y enseñó a los convocados piras candentes con nombres tan coloquiales como prima de riesgo, diferencial con el bono alemán, hipotecas basura, financial times y otras definiciones tan de moda. Visto lo cual el Presidente acompañó a los líderes hacia el atril. Uno presentaba signos evidentes de que en alguna parte había un gran marrón y se lo iba a comer él sin haber tenido arte ni parte. A otro le brillaba un sólo ojo, aquel con el que aquilataba la magnitud del miedo. Acullá el tercero, había perdido el brillo en los dos ojos, saliva en la boca y tersura en la piel. Como si el gobierno de un país se hubiera colocado al nivel de una alcaldía pequeña o como si el poder del Estado hubiera adquirido la consistencia de la mantequilla, los líderes hacían saber al país que sí, que la cosa estaba clara y que no había que darle más vueltas. Que la solución pasaba porque todos nosotros nos saliésemos con la suya. Hoy hay una vicepresidenta calmando a inversores en Inglaterra haciéndoles saber lo evidente: que habíamos entendido el mensaje.

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