Watusi II

2 marzo, 2010
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A punto de terminar con el Watusi, me llega la segunda sensación de que en esa novela aparezo yo. Al protagonista le ofrecen escribir relatos pornográficos. O esto que yo cuento era muy frecuente en la España de primeros de los 80 o aquí pasa algo. Comenzaba mis estudios universitarios en Madrid con poca beca y mucha hambre cuando una compañera de clase que conoce Luismi, ex mujer a esas alturas del hijo de un ideólogo que conoce Pedro Pablo, se ofreció a buscarme un trabajo escribiendo novelas del Oeste. No había demanda pero lo que encontró es que la famosa editorial de los tebeos necesitaba un novelista pornográfico. A tanto la novela y muy poca imaginación porque con el encargo venía el guión: tantos besos, tantos abrazos, tantos quiquis, tantos sobos ahí, tantos lametones aquí. En fin que había que rellenar la planilla. A punto de comenzar a escribir la primera frase de una novela a la que yo no ponía el título, me salió algo menos calenturiento. Ahí se esfumó la posibilidad de hablar de una experiencia que, supongo, habría encarado bajo seudónimo: José Saramango, Dom Delenguas, Klim Toris…

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