La Internacional del Buen Rollito ha encontrado campo abonado en la crisis mundial pero con espectáculo nacional. Abrazados al neoregeneracionismo costista, llegan a creer que lo que España necesita es Sonrisa y Despensa. O que la misma sonrisa venga a llenar la despensa. Se están gastando cuatro millones de euros en comunicar que juntos podemos. Algunos están más juntos que otros y por tanto pueden bastante más. El otro día veía yo en televisión a una pobre trabajadora contratada para despedir gente. Por un lado ella veía positiva esta nueva manera de quitarse de enmedio las malas vibraciones que tienen algunos empresarios. Supongo que lo creía porque ella gozaba de un nuevo trabajo en la procelosa situación de personas que iban a recibir de sus labios la maldita comunicación. También se dolía de que hubiese gente (faltó decir que chapada a la antigua) que no entendiese este bien que ella representaba: confortar al que sufre. Y los había que no comparecían al ser citados y había que buscarles por las calles para darles la mala noticia. Eso sí: con muy buenas palabras y muy buen rollito.
