¿Por qué el hombre más poderoso de la tierra tiene que pasar un fin de semana en el Capitolio para convencer a los de su propio partido que la propuesta de reforma sanitaria es buena? Porque la democracia más poderosa de la tierra no tiene registrado en el ADN la sumisión a lo que deciden por tí. Ese Presidente y esos congresistas colgados del teléfono porque llaman de la calle ciudadanos que quieren dar su opinión y que ponen su presión al servicio de sus pareceres, me deja de piedra en una tierra acostumbrada al más absoluto desconocimiento de quienes nos representan. La última gestión que he intentado realizar con un representante de la voluntad popular se ha saldado con el silencio más estrepitoso: ni correos electrónicos respondidos, ni llamadas descolgadas. Es la democracia representantiva que hemos construido y que, según avanzan los medios de comunicación, no será reformada en la previsible reforma de la Ley Electoral.

Enrique,eres un oasis en tanto desierto que padecemos.Cada vez que te leo me llevo una gran alegría o un gran enfado
Saludos
Siento darte el día, pero ya ves como va lo obvio.
Sería una buena causa volver sobre qué es, y como se representa, la soberanía nacional. Que reside, amigos míos, en el pueblo. No en el Partido, que no tiene nombre ni rostro. Y decir de nuevo que nuestros elegidos y elegidas (porque seguimos votando) no han de tener sujeción a mandato imperativo alguno. Aunque nunca más vayan en las listas.
Quizá nuestra generación tenía el encargo de hacer esto que vemos. ¿Será una tarea que ya no nos toca hacer, acercar la democracia al pueblo?