Puestos a elegir, siempre acabamos eligiendo la vía Salgado. Qué cosas. Cuando la necesidad es que los protagonistas de la política sean los más, se eligen políticas de los menos. Ayer Josep Ramoneda escribía un muy lúcido artículo en El País sobre la victoria de la economía. A cada día que pasa se va comprobando cómo la defensa de una política económica que se dicta en lugares por los que no corre el aire de la democracia, afecta a ciudadanos que han creído en la eficacia del voto. Cuando Franco tuvo que elegir entre la revolución nacionalsindicalista de Hedilla y la recia sumisión de Girón eligió a Girón, cuanto tuvo que hacerlo entre Girón y Arrese, eligió a Arrese y cuando Arrese parecía que se iba a quedar con el santo y la peana del populismo, Franco eligió al Opus. Entonces no habían aparecido todavía “los mercados”. Ahora cuando la expansión económica permitía elegir entre Caldera y Solbes, salió Solbes y cuando ha habido que elegir entre Salgado y Blanco, gana Salgado. Ahorrar antes que gastar. Recortar antes que crecer. Políticas económicas sostenidas en un sólo puntal: el fracaso permanente del paraiso para todos. La lección de que la felicidad es cara y no hay para repartir. Y muerto el pastor de Majalrrayo ya no hay quien pregunte aquello de: “y qué dice Franco de todo esto”. Aunque la pregunta que yo me hago es la de siempre: “y qué dice la socialdemocracia de todo esto”.

¿Y quién es la socialdemocracia?
Pues mucha gente. La Internacional no se ha disuelto aunque parece que no está ya en el mundo.