En este tiempo que ha pasado desde la última vez que hablé aquí de libros, he dedicado un buen rato a ponerme al día de autores norteamericanos contemporáneos. Me he reído un poco con Roth, Philip, y su caricatura del gobierno de Nixon que se recoge en “Nuestra pandilla” y he toreado como he podido “Mi vida como hombre”. Un poco más allá y por aligerar el bolsillo me dirigí a la biblioteca pública de mi pueblo a ver si había un ejemplar de “Ragtime” de Doctorow. El más cercano estaba en la biblioteca regional y me impresionó mucho que la bibilioteca pública de Herencia guarde también uno a disposición del lector. En la mía, ningún Doctorow. Así que me tocó ir a la librería y apoquinar. Ya no es por el dinero sino por el espacio en mi casa. Me ha gustado “El libro de Daniel” y me lo he pasado bien con ”La gran marcha”. Todo esto que relato llegó después de “El maestro y Margarita” que es mi personal aportación al repaso de los clásicos que debe entretenernos también. Y en medio, Mankell y “La falsa pista”. Un libro de 1995 que tiene un aire, pero un gran aire a Larsson. Si no fuese porque la fecha de edición es bastante anterior a la célebre trilogía, me hubiera parecido que Henning Mankell se había subido a un carro en marcha. Si habéis leído a Larsson, por favor, leed “La falsa pista” que publica Tusquet. Y me contais. Y podéis también opinar que la cantidad de Esquilaches que nos están intentando recortar el velo.
