Arde la calle al sol de poniente y hay tribus ocultas cerca del río esperando a que llegue la noche para pode respirar en este tórrido mes de agosto en el que no hay ciudadano capaz de aguantar el tirón de escribir el blog y leer los blogs. En mi caso porque aparte del calor, la duda sobre qué pedir en concreto a Pepe Isbert me ha tenido tan dubitativo que se fue Ms. Marshall y yo sin tomar decisión ninguna, perplejo ante la llegada del maná, la estancia del maná, el saludo del maná y el polo del maná, negro para más señas.
Pero como España no defrauda y sólo resta esperar a que salte la liebre entre palma y palma, jamoncito del bueno, fino y bulerías, ahí ha quedado inmortalizado en el Sacromonte el hombre más poderoso del mundo, el líder más conocido del orbe, el presidente de Estados Unidos al que no le falta dinero para promociones. Para la española que cuando canta es que canta de verdad, el presidente del país más potente es ni más ni menos que: ¡El señor Mojama! Con un par… de palmas. Arsa.

Michéle Mojama y niña, sí señó.
Qué gran oportunidad han perdido en pasearla por la Gran Vía madrileña, de gratis -así dicen los cronistas que ha venido-. A la próxima.