Cuando todo lo que da de sí la invención patria es buscar un sitio apartado para que los jóvenes se emborrachen sin dar ruido, llega la vejez y reivindica un lugar entre el paisaje. Un paisaje que ya es sólo el titular de la noticia desde que hacer vida sencilla se considera lo peor que le puede pasar a una familia. Tu valía social vale tanto como el minuto mediático de gloria. Y a ello se han aplicado en lo que va de mes unos viejetes que no se andan por las ramas. Preso de un ataque de kale borroka o quizá víctima del furor mediático que emiten las ondas episcopalianas, un paisano que peina canas se ha llevado por delante 40 contenedores de basura. ¿La edad? 82 años. Para que luego digan que los años asesan. Otro más allá, harto ya de estar harto y de que cada vez que haya que dar dinero a los bancos lo primero sea recortar las pensiones, se lía la manta a la cabeza y quema un monte entero.Daños: un muerto.
Y el último: revolver y cadáver. ¿Qué fue? ¿Ardor guerrero? Dicen las crónicas que actuó con absoluta frialdad. Como si tuviera edad para andar poniéndose nervioso.
Luego está lo de echar la culpa a la calor.
