Cable

31 agosto, 2010
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Brigadas motorizadas arramblan con metros de cable de cobre en un afán de enriquecerse a costa de arruinar el siglo de las luces, de la web y del horno microondas. Más de quinientos detenidos con las manos en la masa están poniendo el listón muy alto. O se perfora más mina o se ponen guardas jurados. O nos quedamos a dos velas. Por el campo discurren metros y metros de cobre de los que se apropian furgonetas y furgonetas de gente avisada a su tiempo de que el cobre está por las nubes y es peor pedir que robar. Puede que en ese ejército compuesto por personas que no han oido hablar del calambrazo, abunden banqueros reconvertidos, accionistas irreductibles, directores generales cesantes, poniendo todos ellos etiqueta a esta nueva edición de las uvas de la ira donde en el horizonte a oscuras no se vislumbra otra figura que la del merchero en marcha. O quizá son gitanos rumanos empeñados en poder pagarse el billete de vuelta a la patria.

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