Por lo que se va viendo, camuflada tras la humareda de los mercados que van y vienen, la geopolítica no descansa y está a punto de darnos algún susto a los españoles. A día de hoy la orilla norte del Mediterráneo es toda una democracia cristiana con blasones, tutorías, popes y papas que perfilan un renacer del Credo. Sin embargo, en la orilla sur, adonde no había nada más que dictadores y laicismo, está a punto de coronarse una marea que dejará todo en manos de la democracia islámica son sus blasones, sueños, ulemas y emires. Y quien me lo iba a decir a mí hace diez años, con Marruecos como país escudo. Y esa línea caliente que se define en el norte de Africa tiene como protagonistas indeseados a los Estados Unidos que ha vuelto a hacer una de las suyas después de la de Kosovo y también, protagonistas a pesar de los pesares, a los españoles que ven cosas como que su factura energética está empezando a tiritar, que sus prospecciones petroleras están apunto de naufragar y que su tan volátil equidistancia pragmática está empezando a no hacer pie. ¿En qué queda la estrategia de seguridad aprobada no hace ni dos años? En agua de borrajas. Hay que volver a elaborar con la vista puesta en un probable desinterés de la OTAN una vez que ya no queda ningún dictador a la vista. Por lo pronto, la ministra española de Asuntos Exteriores ha ido a Marruecos porque supongo que tendría tiempo de sobra mientras en el desierto saharaui ha comenzado a cotizar al alza en el mercado del secuestro la carne cooperante española. ¿Y el debate entre cañones y matequilla? De momento gana por goleada la mantequilla.

Ganará la mantequilla, pero ¿para lubricar planes de ajuste, la austeridad sin dolor o simplemente para freír espárragos?