Edad

Me empeñé en convencer a mi amigo PP de que España no era parecida a Italia sino a Francia. Que tenía yo más confianza en lo que podía hacer nuestro sistema institucional al cual acreditaba yo más virtudes que al italiano. Creo que no. Creo que tenía razón PP. Ahora mismo nuestro sistema es una ciénaga donde lo único claro es que los dos grandes partidos son fábricas de corrupción para poder atender sus compromisos electorales. Y en medio de ese cieno prosperan quienes poniendo cara de sacrificarse en los turbios tejemanejes tras las bambalinas, se enriquecen por encima de cualquier cautela. Y para más inri, allá donde el afanador de derechas saca para villas suizas y temporadas en la nieve, acá donde se nos aparecen los nuestros, no figuran nadas más que trasnochadores del gin tonic y el chalet adosado en Costa Ballena. Las reformas italianas vinieron de la mano de los jueces que acabaron con la partitocracia para crear una comedia de enredo donde destaca por encima de todo la vieja guardia comunista que ya no encuentra seguidores ni en ese partido que ni es comunista, ni es socialista, ni es de centro, ni es nada. El Partido Democrático es un ayuntamiento entre oportunistas, tácticos del ahora mismo y (lo nunca visto) diputados que no respetan la disciplina de voto. Y aquí, entre nosotros, no tenemos ni la referencia ética del Presidente de la República Italiana que pudiera hacernos creer que todavía quedan justos  de pie en nuestro país. Pero quiá. Lo mismo se nos aparece en persona un payaso que tocando la flauta nos lleve de cabeza al infierno entre el aplauso admirado del gentío.

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1 comment for “Edad

  1. pedropablo
    23/04/2013 at 11:16

    Anoche vi el discurso de Napolitano. Amargura y convicción, sin pelos -y sin peros- en la lengua. Menos mal que aún quedan, aunque pocos, algunos viejos comunistas de los de antes.
    Y a nosotros, ida ya la edad de la inocencia, nos sigue quedando la obligación de reivindicar la edad de la decencia. Y de la austeridad, y de las convicciones.
    Mi casa son setenta y cinco metros cuadrados y unos cuantos miles de libros. Todo mi capital y mi fortuna. Más que suficiente.

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