He aquí una comprobación empírica que ofrezco a la comunidad científica por si sirve para explicar algo: A mayor silencio de la Internacional Socialista, más apariciones de Paquirrín en televisión. Y digo silencio en un momento en el que triunfales tecnócratas con meritorio currículum en universidades caras y trabajos en banca de inversión, son aclamados como nuevos héroes para los que la política no debe ser obstáculo en su empeño por salvarnos. Casi nadie recuerda ya que esto comenzó como “refundación del capitalismo” y va camino de llevarnos por la senda de la beneficencia a amplias capas populares que hasta la fecha habían hecho valer su opinión con su voto y que ahora ven cómo su voto no sirve ni para crear opinión ya que ésta se crea, alimenta y destruye en cónclaves de expertos que tienen una visión del mundo bastante peculiar: lo tuyo es trabajar poco y gastar mucho en tanto que lo nuestro es crear riqueza y en la media de que podamos crearla sin límite algo te llegará, muchacho. Estamos a diez minutos de plantearnos para qué sirve la política, para qué sirven las masas, cual es el papel del ciudadano y por qué no estamos ya dejando el Gobierno en manos del Consejo de Administración del Banco que más beneficios dé porque estos, a través de los beneficios, ya tienen demostrado cómo son de buenos en tanto que cualquier ministro no sólo ya es que sea malo per se, es que es un adán ígnaro que nos lleva al desastre. Así se está expropiando a las clases populares la posibilidad de fijar la política en su país. El igualitarismo de la Revolución Francesa camina hacia la gestión aristocrática de lo público.
