29 marzo, 2007
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Hago tiempo para ver si los medios de comunicación dejan el precio del café y van a la cuestión. Espera inútil. Hoy leo que Zapatero estuvo distante. ¿No será más interesante saber si mintió? ¿si fue útil? Los periodistas, como tantas profesiones, van dejando entrever qué es lo que se puede esperar de ellos. Durante dos horas un presidente del gobierno de España se sometió a las preguntas de ciudadanos de a pie. Durante dos horas la televisión que pagan todos los españoles puso en el centro de interés el interés de otros españoles. La tonta televisión de las vísceras dejó paso a la televisión de los ciudadanos y todo para acabar haciendo de la experiencia una encuesta sobre el precio del café en España. Bendito país que mira el dedo que señala la luna. La pregunta sobre el precio del pan y del billete de autobús es ya un clásico de las campañas electorales desde que en las presidenciales francesas de 1974, Giscard D’Estaing tuvo que responder sobre la baguette y el billete del metro. No acertó. En televisión españolavi a unos ciudadanos interesados por los problemas de los ciudadanos (y no de los problemas que nos crean los medios de comunicación cada mañana) y vi al presidente contestando con la vaguedad que un líder político contesta a toda cuestión singular. Los españoles pasaron de los Serrano (que no veo) y de House (que sí­ veo) para ver un debate político. Ahí es nada con lo que estamos acostumbrados a ver. Que cunda el ejemplo y el formato.

19 marzo, 2007
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La idea me la ha dado Juan Josí© Millás: Me propongo convocar una gran manifestación en Madrid el próximo sí¡bado (parece que esta libre). Convoco a las personas de bien, a aquellas que aman la normalidad, a esas que miran al futuro más que al pasado. En resumen: a personas de orden dispuestas a mostrar ante el mundo que el reloj de la historia no se para en España por mucho que dirigentes ignominiosos pugnen por arrastrar nuestros símbolos por el barro. El lema de mi manifestación sólo puede ser atacado por aquellos que no quieren ver, por aquellos que no quieren oír y, sobre todo, por aquellos que harán lo imposible por no darme la razón: ¡¡Madrid debe llamarse Madrid!! Y ay de aquel que intente lo contrario. Enfrente me encontrará. Sabido es que subterráneamente, ocultamente, con aire el oscuro que ya conocemos en la antiespaña, se trata de acordar un cambio sustancial. ¿Quién me dice a mí que no hay un oculto interés porque Madrid se llame, por ejemplo, Torredonjimeno? Yo lo pregunto y nadie me contesta. Es por ello que me alarmo: Nadie habla de ésto, por tanto, algo hay. Aprovecho la manifestación para confesar mi interés porque la historia de Talavera se acompase a la nacional. La manifestación debe también estar atenta a cualquier indicación que intente que Talavera deje de ser Talavera. Como me conozco el paño y me temo lo peor ahí va una reivindicación histórica de la que no pienso apearme: ¡¡Salvemos la avioneta de Harinera Talaverana!! La Virgen del Prado sí­, el Cristo de la Guía, también, Doña María de Portugal, por supuesto. Pero cuidado: que nadie me toque la avioneta. Y desde aquí­ emplazo al amo de la subvención y por tanto avizorador de la protección de lo nuestro: exijo que se marque como sitio histórico aquel que ocupó en su tiempo (qué buenos tiempos) el kiosko de Miliki. ¿No se marca en el suelo la torre inexistente de Entretorres? Márquese por tanto el solar de Miliki y colóquese una placa. Nuestra historia no puede quedar en manos de indocumentados. Dicho lo cual, animo a la inquebrantable adhesión.

16 marzo, 2007
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Converso con mi amigo Carlos sobre las esperanzas en la democracia españolaque queríamos allí por 1975. Suecia se aparecía en nuestro imaginario como el lugar ideal, la luz que guiaría nuestros esfuerzos. Pasaron los años y ya no nos disgustó ser como Francia: un régimen democrático fuerte con dos partidos en liza pero con garantías y un Estado del Bienestar más avanzado que el nuestro. Pasí³ el tiempo (casi anteayer) y ya no nos importaba ser como Italia: cínicos, con una clase políticaimpresentable pero con una sociedad civil dinámica, envuelta en mil triquiñuelas para esconder al Estado lo que el Estado malgastaba. A día de hoy, ayer mismo en la calle San Francisco, la perplejidad no nos dejaba ver el bosque. Ante nuestros ojos se aparecía un país como Turquía, centralizado, con un nacionalismo ultracombativo capaz de acallar a cualquier minoría y con un tenue pero persistente avance de la religiosidad. Un país donde la discrepancia sobre el tronco común de la nación y la religión, se puede pagar caro. Una democracia de poco nivel. Pero incluso en Turquía se ejerce vigilancia para salvar la radicalidad laicista que soporta la estructura de poder creada por Ataturk. Aquí voy viendo pasar los días entre banderas, himnos, procesiones y declaraciones que están más cerca de la mentira que de la verdad y sin que nadie llame a los mentirosos, pecadores ni a los que hacen de la moral religiosa su discurso, amorales. En una España que ya no va a ser Suecia. He de reiniciar mi vieja afición por opinar de fútbol. De momento ahí puedo refugiarme.

13 marzo, 2007
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La ignorancia arrasa. Está ya casi a la altura de la mala educación que puebla nuestras calles. Los que tenemos la esperanza de que la inversión en educación que hemos hecho durante los últimos 30 años, sea determinante para hacer un país mejor, desfallecemos. Argumento tontos son tenidos como las tablas de la ley, balbuceos confusos se elevan a la categoría de oráculo, abominables llamadas a las entrañas de la gente se presentan como discursos ciceronianos. Y todo en un país en el que leer y escribir ya no son privilegios. Un país donde hay vías de información suficiente como para asentar un juicio sensato. Nada. Hemos pasado a la consigna. Si ya no pensabamos, fíjate cómo vamos: una rima y a tirar millas. Compañeros de partido de un censor se desgañitan cantando la canción que aquel prohibió y que (peor) persiguió policialmente. Y no les digas nada. Te ponen a caldo de perejil. No hay argumento pero tampoco se admiten argumentos. Se pide seguidismo. Hasta ahí podíamos llegar. La educación, la templanza, el convencimiento por los argumentos, el pedir conversación en lugar de desgañitamientos, son preceptos que no debemos abandonar. Cueste lo que cueste no podemos ponernos al mismo nivel que el gritón. A éste ya le conocemos de antiguo. No ha aparecido en nuestra vida hoy. Lo que nos extraña es que haya estado tanto tiempo callado.

12 marzo, 2007
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Degania se vende. El primer kibutz israelí ha sido privatizado. Degania ha sido famoso entre todos los kibutz por ser el primero y por ser la patria del general más laureado: Moshe Dayan. Ya contaré otro día mi experiencia como kibutzim en Menara, allí donde la alambrada separa Israel de Líbano y el monte Hermón se alza imponente sobre un mar de nubes que separan las montañas de Nefatlí de los Altos del Golán. Traigo esto aquí­ porque el espíritu socialista pionero en el kibutz ha muerto. Se quejan los kibutzim de que hay demasiados vagos entre ellos o demasiados individualistas. Sea como sea, ya no hay comunidad sino propietarios. Otra utopía que se va por el arroyo de la historia.
Cambiado de asunto: las rotondas no pueden verse quietas. Al afán municipal por asfaltar cueste lo que cueste, se ha unido el horror al vacío. La rotonda no puede quedar al aire, desnuda, como mostrando al que pasa que aquí­ no hay con qué responder. Empezaron poniendo flores, despuéslas asfaltaron y las pintaron de verde o ambas cosas a la vez. Se han llenado de fuentes. En fin, ahora toca artista de prestigio. Por razones profesionales he estado cuatro meses pasando por una rotonda en Navalcarnero cuyas obras no acababan. Un buen día se plantaron allí unos a modo de cristales enormes. Se clavaron en tierra. Un poco más allí, en otra rotonda se vaciaron figuras en planchas de acerto corten. Había frenesí­ en Navalcarnero por poblar las rotondas. Ahora descubro que los cristales enormes son una obra escultórica de un escultor norteamericano: Dennis Oppenheim, experto en estas cosas. No me queda más remedio que aplaudir al ayuntamiento de Navalcarnero que tiene entre sus miembros a alguien que sabe de escultura moderna, que contrata a un artista extranjero y, sobre todo, que tiene el coraje de poner en medio de una rotonda un motivo que a mi me parece bastante feo. Una fealdad con firma entre tantas fealdades ocurrentes de las que no se reivindica paternidad.

7 marzo, 2007
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A cuenta del nacionalismo he encontrado esto releyendo a Don Benito Pérez Galdós. Está en el capítulo 13 de Trafalgar: “Pero venía de improviso a cortar estas consideraciones, la idea de nacionalidad, aquel sistema de islas que yo había forjado, y entonces decía: «Pero ya: esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos. Estos hombres malos son los que engañan a los demás, a todos estos infelices que van a pelear; y para que el engaño sea completo, les impulsan a odiar a otras naciones; siembran la discordia, fomentan la envidia, y aquí­ tienen ustedes el resultado. Yo estoy seguro -añadí-, de que esto no puede durar: apuesto doble contra sencillo a que dentro de poco los hombres de unas y otras islas se han de convencer de que hacen un gran disparate armando tan terribles guerras, y llegará un día en que se abrazarán, conviniendo todos en no formar más que una sola familia». Así­ pensaba yo. Después de esto he vivido setenta años, y no he visto llegar ese día.”
Pasan los años y pasan los hombres. La gran esperanza del amor fraterno falleció en agosto de 1914 con el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Jean Jaurés es asesinado el 31 de julio por su oposición a la guerra imperialista. A día de hoy nacionalismo y religión siguen con los muertos. Atizar las pasiones es una gran responsabilidad social de la que no se recata la clase políticaque en España se ha caracterizado por su escaso amor a la libertad.